En África, históricamente las trenzas podían ser usadas como una manera de expresar religión, familiaridad, estatus, edad y composición étnica entre otros atributos.

Cuando los esclavos llegaron a América, inicialmente se enfrentaron a una pérdida de identidad ya que cuando hacían la travesía del «Pasaje Medio» (así le llamaban al traslado de África a América), sus cabezas a menudo eran afeitadas por razones sanitarias. Pero, a pesar de la dolorosa travesía, aún traían en su mente los Antiguos patrones de trenzado de cabello. Este conocimiento fue utilizado por las mujeres que paralelo al trabajo de emancipación, haciendo trenzas, jugaron un papel fundamental en las rutas escapistas de las haciendas: en sus cabezas trenzadas tejían los mapas que luego servían de guía en su largo y tortuoso camino hacia la libertad.

Dado que a los esclavos rara vez se les daba el privilegio de escribir o incluso si lo tenían, este tipo de mensajes o mapas en las manos equivocadas podrían crear muchos problemas para las personas en cuestión, los trenzados eran la manera perfecta de hacerlo.

Como podemos ver, los africanos veían a las trenzas no solo como una manera de estar conectados a su herencia, sino también como una herramienta para aseverar su independencia.