Hay dos espacios protegidos en Uganda donde observar gorilas de montaña: Bwindi y Mgahinga.

El primero, tiene una población de simios más amplia y el avistamiento está prácticamente garantizado.

Por otro lado, Mgahinga es un parque pequeño y con menos gorilas, visitado por aventureros que prefieren pagar tasas menores aun a riesgo de que el encuentro no se produzca, pero en este último, casi siempre hay plazas disponibles; mientras que en Bwindi tendrás que reservar tu plazo con una año de antelación aproximadamente.

Sea cual sea el lugar escogido, la experiencia es la más intensa que se pueda vivir. 

Y es que, al usted adentrarse en los lujuriantes laberintos verdes de Mgahinda y Bwindi, pendiente de las lianas y ramas, de los ejércitos de hormigas que desfilan por los troncos y de las aves que huyen ruidosamente a su paso, esperará con anhelo el tropiezo con la mítica criatura de espaldas plateadas que es, sin duda, la gran estrella faunística del África ecuatorial. 

Cuando se produce el encuentro,  la emoción es incontenible. Cuando el viajero se enfrenta a la mirada de un gorila de montaña reconoce en ella a un primo lejano al que hace 400.000 años que no veía, nos vemos a nosotros mismos tal y como éramos hace medio millón de años.