¿Te imaginas vivir la experiencia de visitar una ciudad envuelta en elucubraciones, leyendas y miserias colonialistas ?

Pues, hoy te hablaremos de un místico lugar situado sobre la meseta que domina el curso alto del río Sabi, en la actual Zimbabue, el mayor yacimiento arqueológico del África subsahariana, Gran Zimbabue. Ciudad a la que este país debe su nombre.

La espectacularidad de las ruinas, junto a los objetos que en ellas se han hallado, atestigua el esplendor de una ciudad que fue probablemente el centro político y económico del África meridional en la Edad Media, pese a que no haya evidencia de ello; demostrando de igual forma que el África ancestral alcanzó un nivel de civilización insospechado por los primeros estudiosos.

Los complejos y recintos de piedra, de los siglos XI al XIV, no son gigantescos, y esto permite fijarse en detalles que, de otra forma, pasarían desapercibidos. Y es que el recinto aún conserva parte de su esplendor, como la Torre Cónica o las vistas de las ruinas desde los recintos reales. Entre otros de sus edificios, se destaca el palacio real, construcción de enormes dimensiones levantada con piedras y sin cemento.

De hecho, su grandiosidad hizo que los historiadores europeos del siglo XIX se negaran a creer que era de origen africano. Y, sin embargo, esta ciudad medieval, que tuvo entre 10.000 y 20.000 habitantes, fue la capital de una civilización bantú que gobernó buena parte del sur de África.

 

Fue nombrada Patrimonio Mundial de la Unesco, lo que certificarás al pasear por el Corredor Paralelo y sus altísimas paredes de piedra que se curvan en un punto ciego o, al avistar  los atardeceres , que al hundirse el sol detrás de los muros de la mayor ciudad medieval de la África subsahariana, se crea un mural artístico del medievo.