La palabra “safari” viene del swahili, tomada a su vez de un término de la lengua árabe que significa simplemente viaje.

Este concepto empezó a utilizarse en África subsahariana a partir del siglo XVIII para indicar los viajes que realizaban los comerciantes que transportaban todo tipo de bienes.

Después de varias décadas vaciando al continente de sus especies más espectaculares, los dueños de las tierras donde se llevaban a cabo este tipo de excursiones se dieron cuenta del error que estaban cometiendo y buscaron una solución para poder seguir rentabilizando sus terrenos.

Actualmente el término safari sigue implicando la idea de un viaje a tierras lejanas, pero no con la finalidad de comerciar ni cazar, sino simplemente de avisar animales salvajes en una zona protegida, que suelen ser reservas naturales y parques nacionales.

La mayoría de los safaris se han convertido en expediciones provechosas para la vida salvaje africana, pues los viajeros, además de contemplar la fauna de la sabana, también tienen la oportunidad de contribuir a su protección, de forma directa o indirecta.

En definitiva, los safaris se están construyendo un nuevo significado en torno al turismo sostenible bajo el lema “toma solo fotografías y deja solo huellas”.