Es normal tenerle miedo a lo desconocido. Más aún cuando lo desconocido implica salir de la zona de confort, irse a lugares nuevos… Estamos acostumbrados a seguir una ruta de vida más o menos estándar y cuando nos salimos de ese camino aparecen cientos de dudas, preguntas y miedos.

Claro está, es algo normal, porque es un miedo que se genera gratuitamente y todos los días: en casa, por los medios de comunicación y su perpetuación de estereotipos falsos y nocivos, personas con ideas algo erroneas de las aventuras por lugares recónditos,  “quedarse sin dinero o enfermarse”, etc…

Tenerle miedo a viajar implica, en gran parte, tenerle miedo al otro, al ser humano que vive dentro de un marco cultural distinto, que habla otro idioma y que tiene otras costumbres. Miedo a lanzarnos a un entorno distinto, al que le atribuimos la posibilidad de los peores riesgos que podamos experimentar, sin tomar en cuenta que, incluso dentro de nuestros hogares podremos estar expuestos a ellos.

Lo cierto es que no podemos asegurar lo que nos pueda ocurrir durnte un viaje, pero sí que será mucho más lo que nos vamos a perder que lo que vamos a ganar quedándose en casa dejando pasar la oportunidad de hacer el viaje de nuestros sueños.

Así que, el primer paso que debemos dar, está en poner un pie fuera de nuestros límites mentales y atrevernos a disfrutar del pánico de vivir.